Wokismo Doctrinal

El discernimiento está más vigente hoy que nunca en nuestra generación...

     Había una vez un Rey que ofreció un banquete eterno. Para que nadie se perdiera, envió a sus mensajeros con una instrucción clara: «Lleven a mis hijos al jardín, allí yo mismo les hablaré al corazón». Pero los mensajeros, temiendo que el Rey fuera demasiado profundo o que los hijos no entendieran, decidieron construir un gran salón de espejos antes de llegar al jardín.

 

En lugar de dejar que los invitados escucharan la voz del Rey, los mensajeros se pararon frente a los espejos y comenzaron a describir lo que ellos creían que el Rey diría. Con el tiempo, los mensajeros dejaron de mirar al jardín y se obsesionaron con el ángulo de los espejos. Si un invitado intentaba mirar por la ventana para ver al Rey, los mensajeros gritaban: «¡Eso es herejía! Solo a través de nuestro reflejo puedes conocer la verdad». Los invitados terminaron adorando el reflejo del mensajero, olvidando que el Rey los esperaba afuera para hablarles cara a cara.

 

Esta es la tragedia de la iglesia hoy: hemos cambiado la relación viva con el Espíritu por un sistema de control humano al que llamo Wokismo Doctrinal. Así como el progresismo pretende deconstruir al hombre y su estructura conservadora, las religiones del hoy han deconstruido con bastante éxito el propósito divino de la nación de reyes y sacerdotes que somos.

 

Pero el Espíritu de Dios prevalece siempre ante cada intento del hombre por torcer la voluntad divina. Estamos siendo testigos de como la sociedad está abriendo los ojos ante la cultura woke y las políticas de la falsa “justicia social” de izquierda. La vuelta a lo moral se está acentuando, la vuelta al verdadero rescate de la libertad esta a la vuelta de la esquina, y la iglesia no será ajena a estos cambios, cada vez más veremos mensajes de hombres y mujeres que rescatan la inspiración de la palabra, haciendo volver las miradas a la extensión del Reino de los Cielos en la tierra.

 

Cuando hablo de Wokismo Doctrinal, estoy hablando de una mutación espiritual. Lo que comenzó como una supuesta «revelación» hacia los eventos de “los últimos días”, se ha convertido en un sistema de creencias absoluto que corrompe el Evangelio del Reino.

 

Hoy, la doctrina ya no se busca en la revelación del Espíritu Santo, sino en el consenso de lo políticamente correcto dentro de las cuatro paredes del templo. El «wokismo doctrinal” ha pasado a ser una religión secular que dicta qué debemos creer, qué debemos decir y, sobre todo, qué debemos callar. La Biblia nos advierte en Colosenses 2:8: «Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo«. Cuando la iglesia adopta estas «sutilezas», deja de ser el cuerpo de Cristo para convertirse en un club social con reglas humanas, o peor aún, en sectas religiosas.

 

En este sistema, se han levantado dogmas recientes pero inamovibles. No son los mandamientos de Dios, sino construcciones humanas que no se pueden cuestionar. Si te atreves a dudar de la narrativa oficial de un ministerio o de la interpretación de moda, no eres visto como alguien que busca la verdad, sino como un «hereje».

 

Esta es la Inquisición Moderna. Ya no hay hogueras de leña, sino hogueras de reputación. La «cancelación» es el exilio espiritual de nuestro tiempo. Si tu pensamiento no es «puro» según la doctrina del hombre de turno, eres silenciado en una silla blanca. Se ha perdido el espacio para el matiz y la duda honesta. Sin embargo, el Espíritu Santo no teme a tus preguntas. Santiago 1:5 dice: «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche«. Dios no te «cancela» por dudar; los hombres sí lo hacen para mantener su control y reino personal.

 

Quizás el golpe más certero contra la Iglesia de Reino ha sido su transformación en una Iglesia a la medida de los hombres. Esto no sucedió ayer. Ha sido un proceso de deconstrucción que se aceleró con figuras como John Nelson Darby y su dispensacionalismo.

 

Al enseñar que el Reino de Dios es algo lejano, exclusivo para un futuro próximo que nunca termina de llegar, se le roba a los creyentes su autoridad de Reino presente. Se creó una psicología de escape: «No te preocupes por reinar hoy, solo espera el rapto». Esto permitió que los ministros se hicieran dueños de la «voz de Dios», mientras el pueblo se volvía pasivo. Dejamos de ser «Reyes y Sacerdotes» (Apocalipsis 1:6) para convertirnos en espectadores de un espectáculo dominical.

 

Esta estructura mental psicótica nos ha hecho creer que dependemos de un líder «iluminado» para entender la Palabra, cuando la promesa del Nuevo Pacto es clara: «Y no enseñará ninguno a su prójimo… porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos» (Hebreos 8:11).

 

Iglesia, es hora de dejar de creer en los hombres. Los hombres fallan, los hombres controlan, los hombres crean doctrinas para proteger sus privilegios. El Espíritu de Verdad, en cambio, nos guía a toda la justicia.

 

Jesús no murió para que fueras esclavo de un sistema doctrinal rígido y humano. Murió para rasgar el velo y que tú pudieras entrar directamente al Lugar Santísimo. La Biblia no es un código de leyes para que un experto te las explique; es la Palabra Viva que el Espíritu Santo quiere revelarte hoy mismo.

 

La verdadera reforma no es cambiar de líder, sino cambiar de Maestro. Deja que el Espíritu de Dios sea quien sople sobre las letras muertas de la religiosidad y las convierta en vida para tu espíritu.

Bendiciones a todos…

 

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