Tenedor o Cuchillo…

Desviarte del diseño es suicidio consentido...

El Mito de la Autoinvención: ¿Por qué romperte intentando ser lo que no eres?

¿Cuántas veces te han dicho “Tú puedes ser lo que tú quieras ser”, “Invéntate a ti mismo” o “Sigue tu propio camino”? Suena lindo, suena moderno. El único problema es que es una trampa mortal. Nos pasamos la vida frustrados, estresados y vacíos porque estamos intentando inventar un propósito que ya fue escrito.

 

Antes de explicarte por qué, déjame contarte la historia de Teo.

La Parábola del Tenedor Rebelde

Teo nació en una fábrica de cubiertos. Tenía cuatro dientes largos, afilados y un cuerpo estilizado. Desde el primer día, Teo miró a los cuchillos de carne y pensó: “Eso es tener estilo. Yo no quiero limitarme a pinchar ensaladas; yo quiero cortar carne, quiero ser rudo, quiero abrirme paso en el mundo a la fuerza”.

Teo rechazó su naturaleza. Cada vez que lo ponían junto a un plato, se negaba a pinchar las papas. Se tiraba de cabeza contra los trozos de carne más duros, intentando rebanarlos. ¿El resultado? Dolor puro. Se dobló los dientes, se rayó el cuerpo y terminó lleno de cicatrices.

Un día, frustrado y casi inservible, el Dueño de la casa lo tomó en sus manos. Teo, llorando, le dijo: “¿Por qué me hiciste tan débil? ¿Por qué no puedo cortar como los demás?”.

El Dueño, le enderezó los dientes y le dijo: “Hijo, no eres débil. Es que fuiste diseñado para sostener lo que el cuchillo corta. Fuiste hecho para llevar el alimento a la boca con elegancia. El cuchillo jamás podrá hacer lo que tú haces. Te estás rompiendo la vida intentando ser un mal cuchillo, cuando eres un tenedor perfecto”.

La Predestinación: No es una cárcel, es tu Red de Seguridad

La Biblia dice algo que a la mente humana le cuesta asimilar. En Efesios 1:4-5 y 2:10 se nos revela que Dios nos eligió antes de que el mundo existiera. Nos “predestinó”.

Mucha gente escucha la palabra “predestinado” y piensa en un títere sin libertad. ¡Al contrario! Que Dios te haya predestinado significa que Él ya garantizó el éxito de tu diseño.

No tienes que inventar un propósito, tienes que descubrirlo: De la misma forma que el creador del tenedor decidió para qué servía antes de fabricarlo, Dios te diseñó con una función exacta. El estrés de la vida moderna viene de querer “inventarte” una identidad todos los días. Dios te dice: “No inventes nada; camina Conmigo y descubre lo que ya hice para ti”.

Tu futuro ya está pagado y terminado: El camino de Dios convierte tu presente en el despliegue de un futuro que Él ya consumó. Caminar con Dios es como ver un partido de fútbol donde ya sabes que tu equipo ganó. Vas a sudar, vas a correr, pero juegas con la paz de la victoria asegurada. Pero tienes la libertad de no jugar ese partido, Dios se proveerá otra persona que lo juegue junto a Él.

Tu falta no anula el propósito divino, te anulas tú por más banalidades que conquistes en la vida.

El único lugar donde no te vas a romper es fuera del diseño de Dios, la vida colapsa. El tenedor se rompe si intenta ser cuchillo. El ser humano se destruye (emocional, física y espiritualmente) cuando intenta vivir bajo sus propias reglas. El camino de Dios no es una imposición aburrida, es el único entorno seguro para que no te hagas pedazos.

Es una decisión de vida o muerte. Así de radical. El camino de Dios es garantía de vida eterna; cualquier otra ruta por más atractiva o famosa que parezca termina en muerte, en vacío y en frustración.

Dios te diseñó con Su propósito, pero te dio la libertad de decidir si te haces responsable de el o no.

Dios no te va a obligar a ser el “tenedor perfecto”. Tienes toda la libertad del mundo para seguir golpeándote contra la carne, intentando ser un cuchillo. Puedes pasar toda tu vida viviendo bajo tus propios términos, sufriendo una crisis de identidad tras otra.

Pero hoy, la invitación es a la madurez. Dejar de jugar a ser los creadores de nuestra vida y empezar a ser los administradores del diseño divino.

Somos Su obra de arte, creados en Cristo Jesús para hacer cosas buenas que Él ya preparó de antemano. Deja de competir con el diseño de los demás. Deja de usurpar diseños para los que no fuiste hecho. Deja de inventarte caminos falsos. Tu plenitud no está en lo que tú puedas lograr por tus fuerzas, sino en aceptar el lugar para el cual fuiste creado. ¿Vas a seguir rompiéndote las puntas, o vas a empezar a brillar en la mesa del Rey?

Bendiciones a todos…

 

 

 

 

 

 

 

 

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