Mucha gente piensa que ser libre es hacer lo que a uno le venga en gana, como un caballo desbocado en el campo. Pero la biblia y la vida nos enseñan otra cosa: la libertad no es falta de dueño, es la capacidad de hacernos cargo de lo que Dios nos puso en las manos. Si usted le da una semilla a un niño, él la tira; si se la da a un hombre libre y responsable, él la siembra, la cuida y da de comer a su familia. Esa capacidad de decir «yo me hago cargo» es lo que nos hace verdaderamente libres.
Hace mucho tiempo, el pueblo de Israel estaba al pie de un monte que echaba humo. Dios quería hablarles cara a cara, quería que fueran Su especial tesoro. Pero ellos tuvieron miedo. Dijeron: «Moisés, ve tú, habla tú con Dios y luego nos cuentas».
Éxodo 20:19 dice: «Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos«.
Ese día, Israel perdió una oportunidad de oro. Al poner a un hombre en medio, se quitaron la responsabilidad de encima, pero también se quedaron siendo esclavos de sus temores. Cuando usted deja que otro ore por usted, que otro lea por usted y que otro decida su fe, usted no es libre; usted es un dependiente. El miedo nos hace buscar mediadores humanos, pero la libertad nos empuja a buscar el rostro del Padre sin intermediarios de carne y hueso.
Desde el principio, el problema del hombre ha sido soltar el arado. A Adán le dieron un jardín para que lo cuidara y lo trabajara. Pero él prefirió buscar su propio beneficio, seguir su antojo y, cuando falló, le echó la culpa a la mujer. Adán dejó de ser libre en el momento en que dejó de ser responsable.
Lo mismo pasó cuando vino Jesús. Los jefes religiosos de aquel tiempo tenían miedo de perder sus puestos, sus templos y sus lujos.
Juan 11:48 muestra su miedo: «Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación«.
Por miedo a perder sus privilegios, rechazaron la Verdad. Prefirieron seguir siendo esclavos de Roma que libres en Cristo. Porque, escuche bien: el que no quiere asumir la responsabilidad de la verdad, termina abrazando la comodidad de la mentira.
Hoy día, la Iglesia tiene el mismo reto. Muchos todavía quieren que un pastor, un profeta o un líder sea su «Moisés». Quieren que alguien les diga qué hacer para no tener que oír ellos mismos la voz del Espíritu Santo.
Pero el Evangelio del Reino nos dice que el velo se rompió. Cristo es el único puente legal. Él no murió para que usted siga dependiendo de hombres, sino para que usted se haga uno con Él.
Gálatas 5:1 nos advierte: «Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud«.
Caminar en libertad significa que usted aprende a caminar con el Espíritu de Dios. Significa que usted asume el compromiso de este Nuevo Pacto. Ya no es una lista de reglas en una piedra, es una vida escrita en su corazón. Usted es responsable de hacer justicia, de su crecimiento espiritual y de manifestar a Cristo en su casa y en su trabajo.
Moisés hizo una carpa en el desierto, un tabernáculo. Era bonito, pero era solo una sombra, un dibujo de lo que venía. Aquel tabernáculo estaba en un lugar, pero hoy, el tabernáculo es usted.
Usted no es una sombra; usted es la realidad de Dios en la tierra. La Escritura nos revela que nosotros somos la Nueva Jerusalén que baja del cielo. ¿Qué significa eso? Que nosotros traemos el orden de Dios a este mundo que está en desorden.
Apocalipsis 21:3 dice: «He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios«.
Usted ya no tiene que ir a un monte o a una carpa para encontrar a Dios. Si usted ha creído, usted es la casa de Dios. Y como casa de Dios, tiene una responsabilidad: ejercer el gobierno de Cristo. No un gobierno de política y votos, sino un gobierno de amor, de justicia y de transformación. Donde usted llega, llega el Reino. Si hay pelea, usted trae paz; si hay suciedad, usted trae limpieza; si hay injusticia, usted trae verdad; si hay enfermedad, usted trae sanidad; si hay opresión, usted trae libertad.
Solamente alguien responsable puede liberar a otro de su esclavitud.
Solo los que son libres pueden gobernar. El esclavo siempre espera que le den órdenes; el libre busca qué hay que hacer para mejorar las cosas. Ser parte de esa Jerusalén celestial que gobierna a las naciones no es tener un trono de oro, es tener un corazón de siervo que asume la carga de representar a Cristo.
Jesús dijo que nos hacía reyes y sacerdotes. Un rey gobierna y un sacerdote reconcilia. Esa es nuestra tarea: reconciliar todas las cosas con Dios.
2 Corintios 5:18 nos dice: «Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación«.
Si usted busca la verdad, entienda esto: Dios no busca esclavos que le obedezcan por miedo, busca hijos libres que le sirvan por amor y responsabilidad. Deje de esconderse detrás de los hombres. Deje de tener miedo de fallar. Asuma hoy su lugar en el Nuevo Pacto. Usted es el tabernáculo de Dios. Usted es la Nueva Jerusalén. Levante la cabeza, tome sus responsabilidades en Cristo y empiece a gobernar su vida, su familia y su entorno con la autoridad que el Rey le ha dado.
La libertad no es para hacer lo que queremos, es para hacer lo que debemos: Ser como Cristo en esta tierra.
Bendiciones a todos…
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.