Así como un gusano o una garrapata se pega al cuerpo de un animal para alimentarse de él y terminar enfermándolo, existen malas ideas que se meten en la cabeza de la gente y actúan como parásitos.
El escritor Axel Kaiser explica que estas ideas no son simples opiniones. Son mentiras que se adueñan de la mente y la enferman. Cuando alguien tiene un parásito mental:
* Se niega a ver la realidad: Le puedes mostrar las pruebas en la cara, pero no va a creerte. Solo cree en lo que le metieron en la cabeza.
* Usa sus buenos sentimientos para blindarse: Quiere «hacer el bien», pero termina atacando a los demás porque ve «enemigos» por todas partes.
* Se cree mejor persona que los demás: Le encanta señalar a los otros de «malos», «ignorantes» o «malvados» para sentirse superior.
* Se destruye a sí mismo: Apoya ideas que arruinan su propio bolsillo, su libertad y a su familia, convencido de que está haciendo algo «valioso».
Lo más curioso es que esto pasa tanto en la política como en la religión fanática. Las ideologías extremas (como el comunismo) y la religión ciega son primas hermanas: las dos exigen obedecer sin preguntar, prometen un futuro perfecto que nunca llega y alimentan a líderes que viven como reyes a costa del pueblo.
Ningún invento del hombre nos va a salvar; las ideas humanas buscan controlarnos, pero Dios busca cambiarnos el corazón.
Síntomas de las personas que sufren estos parásitos mentales:
1. Primer síntoma: Cerrar los ojos a la verdad
La primera señal de que alguien tiene la mente «infectada» es que no quiere ver la realidad.
* Si a un fanático político le muestras la pobreza que trajo su gobierno, te dirá: “Es que eso no era verdadero socialismo”.
* Si a un religioso fanático le muestras que algo en su iglesia está mal, te dirá: “Es que estás atacando a Dios”.
Ambos prefieren la mentira que los hace sentir cómodos antes que aceptar la verdad. La Biblia misma explica en Isaías 44:18-20 que hay gente que tiene los ojos y el corazón cerrados: se alimentan de «ceniza» porque su propio corazón engañado los desvió y no son capaces de decir: ¿No será una mentira lo que tengo en la mano?
2. Segundo síntoma: Creerse «bueno» para pisotear a los demás
El segundo problema es usar la religión o la política para sentirse superior y maltratar al vecino:
* El político dice que quita tierras o arruina negocios por «justicia social».
* El religioso juzga, separa familias y llega a decir cosas absurdas como: “Es mejor que la mujer pase todo el día en la iglesia y descuide a su esposo, con tal de que ella se salve aunque él se pierda”.
Ambos hacen daño, pero sonríen creyendo que son «santos» o «buenas personas».
Jesús mismo avisó a sus discípulos sobre este peligro en Juan 16:2-3, diciendo que vendría gente que mataría a otros pensando que así le estaban haciendo un favor a Dios, todo por no conocer la verdad.
3. Ni el gobierno ni el dinero: El Reino de Dios es otra cosa
Ningún partido político, ningún sistema de dinero y ninguna institución religiosa son dueños de la verdad. Los gobiernos prometen arreglar la vida con leyes, y la religión ciega con reglas de hombres, pero la Escritura dice en Romanos 14:17:
“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”.
El plan de Dios no se mide por cuánto dinero hay en el banco ni por las reglas de una iglesia. Por eso, en Colosenses 2:8 se nos advierte que no nos dejemos engañar por cuentos ni por modas humanas que nos alejan de la verdad.
Abre los ojos.
El político que te promete un paraíso si le das tu voto, y el religioso que te promete el cielo si dejas de usar la cabeza, están usando el mismo truco. Viven de vender ilusiones mientras tú dejas de señores la tierra.
El Reino de Dios no se vota en una urna electoral, ni cabe en las cuatro paredes de un templo. Es algo que pasa por dentro: es justicia que arregla lo roto, paz en medio de los problemas y una alegría que nadie te puede quitar.
Quítate esas malas ideas de la cabeza. No le creas ciegamente a los que dicen que van a salvar la patria ni a los que comercian con la fe para que te ganes el cielo.
El día en que entiendes que ni el gobierno es tu salvador, ni el dinero es tu fe, ni la religión es tu Dios, ese día comienzas a ser verdaderamente libre.
Bendiciones a todos…
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.