En una ciudad portuaria, al final de un año convulso, un comerciante ofrecía a los transeúntes un extraño contrato: “Entrégame tu necesidad más urgente y yo te daré una solución inmediata”. La gente, cansada de la escasez, la inflación y la incertidumbre, se acercaba con rapidez. Uno entregaba su hambre y recibía pan adulterado; otro entregaba su miedo y recibía promesas vacías; otro entregaba su soledad y recibía compañía interesada.
Al final del día, el comerciante había acumulado todas las necesidades de la ciudad, y con ellas, el poder de manipular a cada persona. Nadie se dio cuenta de que, al entregar su necesidad, también había entregado su discernimiento.
La historia refleja la crisis que vivimos: cuando nuestras necesidades inmediatas gobiernan nuestra mente, nos volvemos vulnerables al engaño. Y es aquí donde la frase de Maquiavelo resuena con fuerza:
> “Los hombres son tan simples y tan obedientes a las necesidades presentes, que quien engaña encontrará siempre a quien se deje engañar.”
El cierre del 2025 nos obliga a preguntarnos: ¿cuántas veces hemos entregado nuestras necesidades al comerciante equivocado? ¿Cuántas veces hemos permitido que lo urgente anule lo eterno?
La trampa de las necesidades inmediatas
La Escritura nos advierte que las necesidades terrenales, aunque legítimas, pueden convertirse en cadenas si desplazan las prioridades de Dios. Jesús lo expresó claramente:
> Mateo 6:31-33: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?… Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”
El engaño surge cuando lo inmediato se convierte en lo absoluto. El hombre que solo piensa en su hambre puede ser manipulado con pan; el que solo piensa en su miedo puede ser controlado con promesas de seguridad. Así, las necesidades presentes se transforman en puertas abiertas para el engaño.
Maquiavelo, desde su perspectiva política, describió esta vulnerabilidad humana. La Biblia, desde la perspectiva divina, nos llama a despertar de ella.
El poder del engaño y la obediencia ciega
El apóstol Pablo advirtió sobre esta dinámica:
> 2 Tesalonicenses 2:10-11: “…por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira.”
El engaño no es solo externo; es también interno. Cuando el corazón se acostumbra a obedecer únicamente a la necesidad presente, pierde la capacidad de discernir la verdad. El resultado es una obediencia ciega, no a Dios, sino al manipulador de turno.
Aquí radica la crisis que debemos enfrentar y ganar en el 2026: una sociedad que ha aprendido a obedecer al hambre, al miedo, al deseo, pero no a la voz de Dios para seguir su diseño.
La diferencia entre necesidad humana y necesidad divina
Las necesidades humanas son reales: comer, vestir, protegerse. Pero las necesidades divinas son superiores: obedecer, amar, servir, adorar. Cuando las primeras anulan las segundas, el diseño de Dios se rompe en nosotros.
> Deuteronomio 8:3: “No solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.”
El pueblo de Israel en el desierto es el ejemplo perfecto: su necesidad de pan los llevó a murmurar contra Dios, olvidando que su verdadera necesidad era confiar en Él.
Hoy, al cerrar el 2025, debemos preguntarnos: ¿qué necesidades hemos permitido que nos engañen? ¿Qué urgencias han desplazado la voz de Dios en nuestra vida? ¿estoy lleno de palabras que me dan la esperanza de vivir mejores tiempos, o he sido enseñado para actuar fundamentado en mi diseño y propósito divino?
El consuelo de Dios te confronta, no te soba la cabeza ni te da palmaditas en la espalda.
El llamado a despertar
El engaño prospera en la oscuridad de la rutina. Por eso, el llamado de este mensaje es a despertar.
> Efesios 5:14: “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.”
Despertar significa reconocer que hemos sido manipulados por nuestras propias urgencias. Significa admitir que hemos obedecido más al hambre que al Espíritu, más al miedo que a la fe, más al hombre que a Dios.
El despertar no es cómodo, pero es necesario. El 2026 no puede ser un año de obediencia ciega; debe ser un año de genuino discernimiento espiritual.
Evitemos ser manipuladores
Un punto crucial: este mensaje no busca que nosotros nos convirtamos en manipuladores de otros. Maquiavelo describió cómo los poderosos usan las necesidades para controlar. Nosotros, como iglesia, no podemos repetir ese patrón.
> 2 Corintios 4:2: “Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino manifestando la verdad…”
La enseñanza no es para que aprendamos a usar las necesidades de otros, sino para que aprendamos a liberarnos de las nuestras. El evangelio no manipula; ilumina.
Una crisis que se convierte en oportunidad
El cierre del 2025 nos deja frente a una crisis: hemos sido engañados por nuestras necesidades. Pero toda crisis es también una oportunidad.
> Romanos 13:11: “Y esto, conociendo el tiempo, que ya es hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.”
Pablo, al escribir a los cristianos en Roma, no les hablaba de una salvación eterna aún pendiente, como muchos suponen hoy. Su mensaje estaba enmarcado en un contexto histórico concreto: el fin de los perseguidores judíos que, en alianza con el imperio de turno, hostigaban a la iglesia naciente. La cruz ya había sido consumada; Jesucristo había entregado su vida y con ello había inaugurado la redención eterna. Lo que Pablo anunciaba no era una futura expiación, sino la inminente venida en juicio del Mesías, un acontecimiento que se materializó en la destrucción de Jerusalén y de su templo en el año 70 d.C.
De este modo, la exhortación apostólica no se refería a una “pronta salvación” que aún espera la mayoría de la iglesia manipulable, sino a un juicio histórico que confirmaba la victoria de Cristo y liberaba a los creyentes de sus opresores. Pablo no sembraba expectativas vacías; señalaba un desenlace cercano que marcaría el cierre de una era y la manifestación del Reino en medio de la crisis.
El 2026 puede ser el año en que despertemos. El año en que decidamos que nuestras necesidades no serán más la puerta del engaño, sino la ocasión para confiar en Dios con acción, no con espera porque el tiempo fue cumplido.
Discernir cada necesidad:
1. Preguntarnos si lo que sentimos como urgente realmente responde al diseño de Dios.
2. Priorizar lo eterno sobre lo inmediato: Buscar primero el Reino, aunque lo presente grite más fuerte.
3. Rechazar la manipulación: No permitir que líderes, sistemas o voces externas usen nuestras necesidades para controlarnos. Aléjate de la frase: “Esta es tu mejor temporada”. Lo mejor llegó hace más de 2000 años, y ese es Cristo.
4. Cultivar la verdad: Amar el espíritu de la verdad bíblica más que la comodidad de doctrinas futuristas.
5. Entrenar la obediencia: Aprender a obedecer a Dios incluso cuando nuestras necesidades parecen contradecirlo.
Conclusión: hacia el 2026
La frase de Maquiavelo nos recuerda una realidad dura: siempre habrá quien engañe y siempre habrá quien se deje engañar. Pero la Palabra nos instruye una verdad superior entre lineas: no estamos condenados a ser víctimas del engaño.
El cierre del 2025 es una invitación a despertar, a reconocer que nuestras necesidades no pueden gobernar nuestra vida. El 2026 debe ser el año en que decidamos obedecer más a Dios que a lo inmediato, más a la verdad que al engaño.
> Juan 8:32: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”
La libertad no está en negar nuestras necesidades, sino en ponerlas en el orden correcto: primero Dios, luego lo demás. Así, el comerciante de turno no tendrá poder sobre nosotros, porque nuestras necesidades estarán entregadas al único que no engaña: el Señor.
El mensaje de Maquiavelo, leído a la luz de la Biblia, nos confronta en este cierre de año. Somos simples y obedientes a lo inmediato, pero estamos llamados a ser sabios y obedientes a lo eterno. El 2026 será un año de crisis si seguimos dormidos, pero será un año de despertar si decidimos atender las necesidades de Dios antes que las nuestras.
Que esta enseñanza nos sacuda, nos incomode y nos despierte. Porque solo así podremos salir del ciclo del engaño y entrar en el diseño divino.
Dios los bendiga, y tengan un espléndido año 2026.
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