Ingenieros de Vida

Donde un “Real Sacerdote de Dios” pone su mano, el desierto tiene que empezar a florecer.

      Imagina que caminas por un valle que antes era verde y lleno de vida, pero que ahora está agrietado por el sol. El río que lo atraviesa es apenas un hilo de agua que corre con prisa, como si quisiera escapar de ese desierto. No se queda, no moja la tierra; simplemente pasa de largo hacia el mar, dejando atrás solo polvo y arbustos secos. Es una imagen de un mundo que tiene la fuente de vida cerca, pero no sabe cómo retenerla.

Un día, alguien decide soltar allí a unas cuantas familias de castores. Al principio, parece una locura: ¿qué pueden hacer unos animalitos frente a semejante sequedad? Pero los castores no se desaniman. Empiezan a recoger palitos, lodo y piedras. Construyen una pequeña pared en medio del río. El agua, que antes corría sin control, ahora es más lenta. Se forma una poza, luego un lago. El agua empieza a hundirse en la tierra sedienta, y de pronto, donde antes solo había tierra muerta, empiezan a brotar flores, pasto verde y árboles.

Ese desierto volvió a la vida no porque llegara agua nueva, sino porque alguien detuvo la que ya estaba pasando para que diera vida.

 

El “Castor” de Dios en la Tierra

Esta historia real nos enseña exactamente lo que Dios espera de su Real Sacerdocio, una misión que Él nos entregó con un propósito claro:

“Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” (1 Pedro 2:9)

 

No dejes que la gracia “pase de largo”

Mucha gente recibe bendiciones de Dios, pero las deja pasar como ese río apurado. El “Sacerdote” es como el castor: su trabajo es “construir presas” con su oración y su conducta para que la presencia de Dios se quede en su casa, en su barrio y en su país. Debemos ser retenedores de su gloria.

No sé trata de retener, se trata hacer que la vida tenga su tiempo para terminar y el agua de vida seguirá su rumbo.

“Oh Dios, tú eres mi Dios; de todo corazón te busco. Mi alma tiene sed de ti; todo mi cuerpo te anhela en esta tierra seca y agotada donde no hay agua.” (Salmo 63:1)

 

Sanar la tierra desde adentro

Los científicos se asombraron al ver que, gracias a los castores, el agua bajaba hasta lo más profundo del suelo, alimentando pozos invisibles. Así es el Sacerdocio: cuando alguien ora y sirve de corazón, la bendición de Dios no se queda solo en la superficie; llega a lo más profundo de las familias, sanando heridas que nadie más puede ver.

“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” (Juan 7:38)

 

Ser un oasis para los demás

En los desiertos, cuando venía una gran sequía, lo único que seguía verde era lo que rodeaba la casa de los castores. El mundo hoy vive muchas “sequías”: falta de paz, falta de amor y mucha tristeza. Un verdadero hijo de Dios debe ser ese lugar verde donde los que están sufriendo puedan venir a descansar.

“Serán como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.” (Salmo 1:3)

 

Dios no te llamó para “ir al cielo”. Te llamó para ser un ingeniero de vida aquí en la tierra. Como el pequeño castor, tu misión es usar lo que tienes a mano —tu fe, tus palabras, tu servicio, tu amor — para frenar la sequedad del mundo y convertir tu entorno en un jardín donde todos quieran vivir.

Donde un “Sacerdote de Dios” pone su mano, el desierto tiene que empezar a florecer.

“El desierto y el lugar solitario se alegrarán; la soledad se regocijará y florecerá como la rosa.” (Isaías 35:1)

 

Bendiciones a todos…

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.

Enseñanzas Recientes

También puede leer algunas de nuestras otras enseñanzas.

Contacto

[wpforms id="1037"]