PARÁBOLA
El Camino que Caminaba Solo
En un pueblo, la gente que vivía obsesionada con hacer cosas para su Rey.
Cada mañana, los habitantes salían de sus casas con listas interminables:
– “Hoy construiré algo para Él.”
– “Hoy haré una obra que lo impresione.”
– “Hoy demostraré que merezco su favor.”
Pero aunque trabajaban sin descanso, nunca sentían que avanzaban.
Sus caminos eran como círculos: mucho esfuerzo, poco fruto.
Un día llegó al pueblo un Hombre extraño, silencioso, con una mirada que parecía conocerlos desde antes de nacer.
No traía herramientas, ni listas, ni proyectos.
Solo caminaba.
Pero lo sorprendente era esto:
Donde Él caminaba, el camino florecía.
Las piedras se acomodaban solas.
Los árboles se inclinaban para dar sombra.
Los frutos aparecían sin que nadie los sembrara.
Los enfermos se levantaban.
Los enemigos se abrazaban.
Los cansados respiraban paz.
El pueblo quedó desconcertado:
—¿Qué obra estás haciendo? le preguntaron.
—Ninguna, respondió Él. El camino ya está hecho. Solo lo estoy andando.
Los habitantes no entendían.
—Pero… ¿cómo haces para que todo cambie a tu paso?
—Porque yo soy el Camino, y el Camino anda en mí.
Entonces el Hombre les dijo:
—Ustedes se esfuerzan por hacer obras para el Rey, pero el Rey preparó las obras de antemano para ustedes. No necesitan construir nada. Necesitan caminar por donde yo camino para que esas obras se manifiesten.
Algunos se rieron.
Otros se ofendieron.
Pero unos pocos lo siguieron.
Y descubrieron algo asombroso. Cuando caminaban detrás de Él, sus pasos producían las mismas obras que producían los de Él.
No porque ellos las hicieran, sino porque el Camino caminaba dentro de ellos.
Un día, uno de los discípulos le preguntó:
—¿Y qué pasará cuando ya no te veamos caminar delante de nosotros?
El Hombre sonrió:
—Entonces yo caminaré dentro de ustedes, y donde ustedes pisen, mi Camino seguirá floreciendo.
Y así entendieron la verdad:
> Las obras no eran tareas.
> Las obras eran la consecuencia predestinada el Camino.
> Y el Camino era Él.
Las obras preparadas no se fabrican, se manifiestan por quién camina en ellas.
No son “cosas que hacemos para Dios”, sino la vida del Hijo caminando en los hijos.
El Camino (Cristo) produce sus propias obras cuando andamos en Él.
La nueva creación no trabaja para producir fruto. Llevamos el fruto cuando Él camina en nosotros. (Jn 15:5,8)
La obra del Padre es que el Hijo viva en los hijos (Jn 15:5, Jn 6:29, Ef 2:10).
Bendiciones a todos…
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