¿Plan B?

Cristo no fue el plan b, es la restitución del único plan que el primer Adán no cumplió.

     Existe un pensamiento muy peligroso y extendido en la mente de muchos creyentes. Es la idea de que Dios creó un mundo perfecto en Génesis, pero que la serpiente se le adelantó, el hombre dañó el diseño y a Dios no le quedó más remedio que improvisar un plan de emergencia. Bajo este razonamiento, Jesucristo vendría a ser una especie de «Plan B»: un rescate a última hora porque el «Plan A» fracasó.

Decir esto es una blasfemia disimulada. Es llamar a Dios incompetente. Dios no sería Dios si tuviera un Plan B. Dios no improvisa, no duda, no cambia de opinión ni redacta estrategias sobre la marcha. Jesucristo no vino hace dos mil años a apagar un incendio que se le salió de control al Creador, sino a restaurar el único y absoluto plan que Dios estableció desde el principio de los tiempos. La presencia del Hijo en la tierra tuvo un solo fin: devolver al hombre al diseño divino anunciado en Génesis 1 y 2.

La miseria humana no es solo el resultado de pecar; es la consecuencia directa de no caminar en la justicia de Dios, inventando doctrinas para justificar esa irresponsabilidad. Muchos enseñan hoy que el destino final del hombre es huir al cielo a través de un rapto fuera de contexto. Quieren alumbrar un cielo que no los necesita, mientras abandonan la tierra que Dios les encomendó gobernar. Eso es traicionar el mandato original. ¿Acaso pudo más el hombre en su caída que Dios en su diseño? Jamás. Ciegos y necios son aquellos que, atrapados en sus propios velos, ven a un Dios de Plan B solo para tapar su cobardía y su falta de compromiso con el propósito divino.

 

El diseño original: ¿Qué hubiese pasado si Adán no cae?

Para entender la obra de Cristo, debemos volver al principio. En Génesis 1 y 2 no hay una sala de espera para ir al cielo; hay una asignación clara para la tierra. Si Adán no hubiera caído, la historia humana no habría sido la búsqueda de un escape celestial, sino la expansión del Reino de Dios en la tierra.

 

Si Adán no hubiese caído:

 * El hombre habría fructificado, multiplicado, llenado, sojuzgado y señoreado la tierra. Dios le dijo claramente al hombre: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla» (Génesis 1:28). La asignación fue sobre la tierra, no sobre los cielos.

 * El hombre habría extendido el Edén hasta lo último del planeta. La orden dada en Génesis 2:15 fue «labrar y guardar» el huerto. El Edén era el punto de partida, el modelo a replicar en toda la creación.

 * El hombre estaría unido a Cristo comiendo del Árbol de la Vida. La comunión eterna no dependía de irse a otro lugar, sino de alimentarse de la vida misma de Dios para manifestarla aquí.

 * El hombre haría en la tierra lo que Dios hace en los cielos. Al ser hecho a su imagen y semejanza, el hombre fue colocado como el representante legal de la autoridad divina en el plano terrenal.

Génesis 1 y 2 nunca fue anulado. Fue interrumpido por la desobediencia, pero la palabra de Dios no vuelve a Él vacía. Isaías 46:10 lo declara con claridad: «Que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero». Si Dios dijo desde el principio que el hombre debe gobernar la tierra, esa palabra se cumple sí o sí.

 

Jesús: El Postrer Adán y el Gran Restituidor

Cuando miramos a Jesús a través de los cuatro evangelios, no vemos a un Salvador enseñando a la gente cómo escapar del planeta. Vemos al Jesús restituidor. Vemos al «postrer Adán» (1 Corintios 15:45) haciendo exactamente lo que el primer Adán dejó de hacer.

Jesús no inició su ministerio diciendo: «Prepárense para irse al cielo». Su mensaje fue: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio» (Marcos 1:15). Jesús trajo el cielo a la tierra. Nos enseñó a orar diciendo: «Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra» (Mateo 6:10).

La cruz no fue la cancelación de la tierra; fue el pago de la deuda para recuperar el gobierno de la tierra. Jesús vino a devolvernos el diseño original, a quitar el velo de nuestra miseria y a darnos el Espíritu Santo para que podamos volver a labrar, guardar, sojuzgar y gobernar bajo su justicia.

 

La Gente de Reino vs. La Religión del Escape

Hoy en el siglo XXI, el mundo avanza por ese camino restaurador que Cristo nos entregó. Sin embargo, hay dos tipos de creyentes: los religiosos que esperan un escape y la Gente de Reino que asume su identidad.

 * Los que buscan el escape: Son aquellos que, llamándose «luz del mundo», prefieren pedir a gritos un rapto para desentenderse de su responsabilidad. Quieren alumbrar el cielo, un lugar que ya está lleno de la gloria de Dios y no necesita su luz. Usan la teología del escape para justificar su pereza, su falta de impacto en la sociedad y su cobardía ante los problemas del mundo.

 * La Gente de Reino: Son hombres y mujeres entendidos en los tiempos. Saben que no son perfectos, pero han entendido que en su debilidad les basta la gracia de Cristo para prevalecer. No se quedan mirando al cielo esperando oír una trompeta descontextualizada. Entienden que la vida eterna no es una mudanza futura, sino una realidad presente: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Juan 17:3).

La Gente de Reino no traiciona el propósito divino. Asume que ser «sal de la tierra» y «luz del mundo» (Mateo 5:13-14) significa meterse en la masa, transformar la cultura, gobernar con justicia, cuidar la creación, establecer familias firmes y hacer de este mundo un lugar mejor cada día. Hoy estamos en una mejor posición que los creyentes del primer siglo, porque la semilla del Reino ha crecido y la plenitud de Cristo habita en nosotros.

 

Conclusión: Asume el diseño y camina en justicia

Dios no tiene Plan B. Su Plan A sigue en pie y se está ejecutando hoy a través de su Iglesia. Dejemos de responsabilizar a Dios de nuestras negligencias y de disfrazar la cobardía con doctrinas dispensacionales.

Gobernar la tierra no significa dominar a otros con tiranía; significa manifestar el carácter de Dios en todo lo que hacemos. Significa entender que ya no vivimos nosotros, mas vive Cristo en nosotros (Gálatas 2:20). Quien tiene la plenitud de Cristo no vive asustado ni buscando puertas de emergencia. Quien tiene a Cristo se levanta cada mañana a fructificar, multiplicar, llenar y gobernar el lugar donde Dios lo puso.

Es hora de quitarse el velo de la miseria humana, dejar de mirar al cielo con los brazos cruzados y empezar a caminar como verdadera Gente de Reino. El diseño divino exige responsabilidad, y el Dios perfecto no acepta menos que el cumplimiento total de su palabra.

     La Gente de Reino preferiere al Cristo que está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo; al Cristo que nos sentó juntamente con Él en lugares celestiales; al Cristo que hizo de nosotros su morada para que Él y el Padre habiten; al Cristo presente donde hay dos o tres reunidos en su nombre, y al Cristo que está unido como cabeza y nosotros como su cuerpo. Prefiero mil veces a ese Cristo que a aquel que solo «viene pronto» como resultado de una enseñanza fuera de contexto. 

¡Bendiciones a todos!

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