Cheque Posdatado

La zona gris entre lo legal y lo ilegal...

El cobro que nunca llega

     Imagine por un momento que un padre de familia le entrega a su hijo un documento legal que le otorga una herencia multimillonaria, pagada en su totalidad y disponible en la cuenta bancaria desde hoy. Pero al entregárselo, el padre le dice: “Hijo, este dinero es tuyo, pero no lo cobres hoy. Pasa hambre, aguanta frío, vive en la miseria y espera a que yo vuelva en unos años para que finalmente puedas usarlo”.

Cualquier persona diría que eso no tiene sentido. Si el pago ya fue realizado y la cuenta está cubierta, posfechar el cobro para un futuro lejano es condenar al heredero a una pobreza innecesaria.

Sin embargo, esto es exactamente lo que ha ocurrido en gran parte del mensaje religioso de nuestro tiempo. Se ha presentado el evangelio como un cheque posdatado: una promesa de plenitud, paz y victoria que solo podrá cobrarse «después de la muerte» o «en un futuro lejano», mientras se enseña a la gente a resignarse a la escasez, al dolor y a la derrota de los que son más que vencedores (corregido: sentido gramatical) en su vida presente.

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. (Juan 5:24)

Jesús no habló de la vida abundante como un premio que se entrega en una eternidad distante. Él usó un verbo en tiempo presente: “tiene” y “ha pasado”. La obra en la cruz no dejó cuentas pendientes ni pagos a plazos.

Cuando muchos enseñan en la congregación a esperar que Dios actúe «algún día», a menudo están posfechando lo que la resurrección ya saldó. Esta desviación, aunque a veces se predique con buena intención, le quita al creyente la autoridad para gobernar su vida hoy. Es una forma de decir que el sacrificio de Cristo fue incompleto para el presente y que necesitamos que el tiempo pase para que sea efectivo.

Reconocer esto requiere humildad por parte de quienes enseñan. Aceptar que se ha alimentado un mensaje de espera que paraliza la función de gobierno, en lugar de una fe de posesión inmediata, es el primer paso para restaurar la verdad en los púlpitos.

Sería injusto e incorrecto culpar únicamente a los predicadores de esta situación. La Escritura muestra que la responsabilidad es compartida.

Estos eran más nobles… pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras para ver si estas cosas eran así”. (Hechos 17:11)

Debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios…”. (Hebreos 5:12)

Muchas veces, el mensaje del «cheque posdatado» se mantiene porque a un sector de la iglesia le resulta sumamente cómodo. Esa comodidad busca excusas para no asumir compromisos. Si la victoria es «para mañana», entonces hoy no hay necesidad de renovar la mente, no hay obligación de romper con el estancamiento y no hay responsabilidad de manifestar la justicia de Dios en la comunidad.

Es más fácil suspirar por un consuelo futuro que levantarse a transformar la realidad presente. La pasividad de muchos creyentes ha presionado a los líderes a entregar un mensaje anestésico que no exija esfuerzos, un discurso que consuele el estancamiento en lugar de confrontarlo.

Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40)

La fe en estos días postreros no es una espera resignada; es la certeza de una realidad actual. El apóstol Pablo recordaba constantemente a las primeras comunidades que ellos ya habían sido librados de la potestad (corregido: concordancia de género) de las tinieblas y trasladados al reino de su Hijo amado. No estaban esperando la liberación; caminaban en ella.

Cobrar el cheque hoy significa:

Dejar de justificar el estancamiento: Aceptar que la paz, la madurez y la provisión de las bendiciones espirituales son recursos disponibles para el caminar diario.

Asumir la responsabilidad personal: Entender que la fe requiere acción, decisión y firmeza para tomar posesión de lo que Dios ya ha declared.

Restaurar el propósito del evangelio: Mostrar al mundo que el mensaje de Cristo cambia historias, familias y entornos en el presente.

Llegó el momento de romper la ilusión del cheque posdatado. Ni el ministro puede seguir justificando la falta de frutos con promesas lejanas, ni el creyente puede seguir escondiendo su falta de compromiso detrás de un discurso de resignación.

La victoria de Cristo no es un proyecto a futuro; es una realidad terminada. Dios no nos llamó a ser espectadores de un mañana lejano, sino administradores conscientes de su gracia en el presente. Es tiempo de que la enseñanza vuelva a encender la responsabilidad en el corazón humano, para que la iglesia deje de esperar pasivamente y comience a caminar con la dignidad de quien ya ha sido reconciliado y capacitado para manifestar la gloria de Dios aquí y ahora.

¡Bendiciones a todos!

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