Innatos

Las capas de pintura deben morir…

     ¿Alguna vez has visto un mueble antiguo, de madera preciosa, cubierto por cinco capas de pintura vieja, agrietada y fea? Si alguien que no sabe de madera lo ve, pensará que es basura. Pero un maestro carpintero lo mira y ve su verdadero valor. El carpintero no tiene que transformar el pino en roble; el roble ya está allí, debajo del desorden. Su trabajo no es añadirle nada, sino remover, raspar y limpiar las capas de pintura acumuladas por los años para que el diseño original vuelva a brillar y cumpla la función para la que fue creado.

Nosotros somos ese mueble. Las heridas, los traumas, las opiniones del mundo y nuestros propios errores son esa pintura vieja que distorsionó nuestra forma. Pero ante los ojos de Dios, el Creador, el diseño original sigue intacto.

La palabra INNATO significa que nacemos con eso, que ya viene dentro de nuestra naturaleza. La Biblia enseña que cuando Dios nos pensó, no nos envió al mundo vacíos para ver qué lográbamos aprender en el camino. Él nos equipó de antemano con todo lo necesario para cumplir una asignación específica.

 

El apóstol Pablo lo explica con claridad en Efesios 2:10:

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas

Nota que las obras no las inventamos nosotros; ya fueron preparadas. Y para caminar en ellas de forma natural, Dios colocó un diseño en nuestro interior. Así como un ave no toma un curso para aprender a volar porque el vuelo es innato en ella, tenemos una capacidad espiritual y de diseño para hacer la voluntad de Dios de manera fluida. En los ojos del Creador, tú y yo somos y tenemos lo que necesitamos para Su propósito.

Si el diseño es perfecto e innato, ¿por qué nos cuesta tanto? ¿Por qué experimentamos temor, inseguridad, egoísmo o maldad? Aquí es donde entran las limitaciones adquiridas.

A lo largo de nuestra vida, el entorno nos moldea de forma incorrecta. Aprendemos a defendernos, a desconfiar, a buscar el reconocimiento de maneras equivocadas o a llenarnos de temores. Esa es la «pintura vieja». El peligro es que terminamos creyendo que la distorsión es nuestra verdadera identidad. Decimos: «Yo soy una persona ansiosa» o «Yo soy alguien rencoroso».

Pero en Jeremías 1:5, Dios le dice al profeta:

Antes que te formase en el viento te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”.

No estoy tomando este versículo y sacándolo de su contexto, ya que tú puedes decir: ¡Pero eso se lo dijo a su profeta Jeremías, yo no soy nadie!.

Pero te equivocas: Dios no hace acepción de personas. Si conoció a Jeremías antes de que fuese formado en el vientre de su madre, entonces a ti también te conoció.

No hagas que la distorsión que te dejaste colocar por el mundo provoque que, cuando te vea el Señor, llegue a decir: “¡Apartaos de mí, hacedores de maldad, no os conozco!”

Esto demuestra que, ante los ojos de Dios, tu verdadera identidad ocurrió antes de que tus limitaciones adquiridas aparecieran. Tu desorden actual no ha borrado el diseño de Dios; solo lo ha sepultado ante tus propios ojos. Dios no te mira y ve tu distorsión; Él te mira y ve lo que Él mismo sembró en ti, a fin de que quites, por voluntad propia, las capas de pintura.

El desorden nos toca arreglarlo a nosotros, pero no con nuestras propias fuerzas humanas, sino aceptando la propuesta de Jesús. El sistema del mundo te dice que debes “construirte a ti mismo”. Cristo, en cambio, propone un camino inverso: morir a la distorsión.

En Lucas 9:23, Jesús dice:

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”.

Negarse a sí mismo no significa destruirse; significa renunciar a esa identidad falsa y distorsionada que adquirimos en el mundo. Significa dejar morir al personaje herido y defensivo que hemos construido para que la verdad de Dios emerja (un Árbol de Justicia)

No es fácil; yo mismo lucho cada día con las distorsiones que tengo, no eres el único.

Cuando morimos a lo aprendido del sistema llamado mundo, lo innato se descubre. Al quitar la capa de egoísmo, aparece la capacidad innata de amar; al quitar la capa del temor, se manifiesta el diseño de valentía. Al morir a la capa de la distorsión, las funciones del diseño original empiezan a operar de forma natural.

No tienes que luchar por ser alguien que Dios no te diseñó para ser. Tu tarea principal es quitar el desorden y desaprender lo que el mundo te impuso. Fuiste planificado a la perfección, equipado con herramientas eternas y predestinado para caminar con gracia y paz.

Cuando te miras ante el Maestro Carpintero, Su Espíritu hace equipo contigo para raspar con amor esas capas de dolor y limitaciones. No tengas miedo de morir a lo que creías ser. Solo al perder esa forma distorsionada se manifestará la obra de arte que siempre has sido en la mente de Dios. Naciste listo para Su propósito; es hora de dejar que el diseño funcione.

¡Bendiciones a todos!…

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.