A menudo nos enseñan que debemos ‘pedir y suplicar’ para que Dios se compadezca y nos ayude, pero si cambiamos la visión de esclavo a la visión de rey, descubrimos que la oración no es una lista de deseos para un Dios lejano, sino el reporte de gestión de un hijo que ejerce autoridad legal en la tierra.
El pilar religioso a derribar:
“Pedid, y se os dará…» (Mateo 7:7)
La religión ha tomado esta palabra y la ha enseñado como lenguaje de mendigo. Nos enseñan a ir a Dios como si fuera un juez difícil de convencer o un San Nicolás con presupuesto limitado. El religioso pasa horas «pidiendo» cosas que Dios ya dijo que son nuestras, creyendo que por su «mucha palabrería» o por dar lástima, Dios va a soltar la tan esperada bendición.
En el griego original, la palabra utilizada para «pedir» (aiteo) en contextos de autoridad, no es la de un mendigo pidiendo limosna, sino la de un ciudadano demandando algo a lo que tiene derecho legal.
Tú propósito en la oración no es escalar al cielo para convencer a Dios de darte algo; vas a presentarle a la «Corte Celestial» que Su voluntad se debe cumplir en tu territorio y que tú, como autoridad delegada, exiges que se ejecute el diseño original para que la gloria de Dios se manifieste.
Un embajador no le «suplica» a su país que le mande fondos; él presenta el presupuesto basado en el tratado que ya está firmado. Si tú sabes quién eres, dejas de decir «Señor, por favor ayúdame» y empiezas a decir «Conforme a la ley del Reino, establezco que este caos se ordena y que cumplimos nuestra función para llegar a ese orden actuando como recursos del Reino”.
Muchas veces decimos que «Dios no responde», cuando en realidad lo que pasa es que no hemos presentado el recurso legal correcto. El cielo no responde a las lágrimas emocionales, responde a los códigos legales (La Palabra).
Oyes que se dice a menudo: «si Dios quiere». Dios no te creó para que triunfes haciendo tus planes. Él te creó para hacerte partícipe de su plan.
Tus planes pueden ser buenos o malos, pero nunca serán justos.
Si algo no está sucediendo en tu vida, no es porque el cielo esté cerrado, es porque tú no has ejercido tu firma autorizada aquí en la tierra. Lo que ates en la tierra, queda atado en el cielo. Pero mientras te ocupes de pedir en función de tu ego y no del cumplimiento del propósito divino, entonces jamás podrás pedir como conviene.
Ya no puedes decir «estoy esperando que Dios se mueva y acciones a mi favor». Dios ya se movió a través de Su hijo en la cruz; ahora te toca a ti mover los papeles legales de la fe y la acción para que lo invisible del Cielo se haga visible en la Tierra.
Para pedir correctamente, tienes que conocer la Constitución del Reino (La ley de Cristo). El religioso ignora la ley y por eso vive como un huérfano; el responsable del Reino estudia el diseño para seguirlo y por eso vive como un gobernador.
La religión te enseña a orar para «llegar» a Dios. El Reino te enseña que oras porque ya estás en Dios y necesitas manifestar Su Gobierno. Deja de pedir permiso para lo que ya te dieron las llaves y empieza a pedir como conviene.
Bendiciones a todos…
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